martes, 3 de febrero de 2009

El escándalo de la Cruz, sabiduría del cristiano

Catequesis del Papa sobre san Pablo del miércoles 29 de octubre de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

En la experiencia personal de san Pablo hay un dato incontrovertible: mientras al principio había sido un perseguidor y había utilizado la violencia contra los cristianos, desde el momento de su conversión en el camino de Damasco, se había pasado a la parte de Cristo crucificado, haciendo de él la razón de su vida y el motivo de su predicación. La suya fue una existencia enteramente consumida por las almas (cfr 2 Cor 12,15), para nada tranquila y resguardada de insidias y dificultades. En el encuentro con Jesús se había aclarado el significado central de la Cruz: había comprendido que Jesús había muerto y resucitado por todos y por él mismo. Ambas cosas eran importantes; la universalidad: Jesús había muerto realmente por todos, y la subjetividad: él ha muerto también por mí. En la Cruz, por tanto, se había manifestado el amor gratuito y misericordioso de Dios. Este amor Pablo lo experimentó ante todo en sí mismo (cfr Gal 2,20) y de pecador se convirtió en creyente, de perseguidor en apóstol. Día tras día, en su nueva vida, experimentaba que la salvación era "gracia", que todo descendía del amor de Cristo y no de sus méritos, que por otro lado no existían. El "evangelio de la gracia" se convirtió así en la única forma de entender la Cruz, el criterio no sólo de su nueva existencia, sino también la respuesta a sus interlocutores. Entre estos estaban, ante todo, los judíos que ponían su esperanza en las obras y esperaban de estas la salvación; estaban también los griegos, que oponían su sabiduría humana a la cruz; finalmente, había ciertos grupos heréticos, que se habían formado su propia idea del cristianismo según su propio modelo de vida.

Para san Pablo la Cruz tiene un primado fundamental en la historia de la humanidad; representa el punto principal de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación como gracia dada a toda criatura. El tema de la cruz de Cristo se convierte en un elemento esencial y primario de la predicación del Apóstol: el ejemplo más claro tiene que ver con la comunidad de Corinto. Frente a una Iglesia donde estaban presentes de forma preocupante desórdenes y escándalos, donde la comunión estaba amenazada por partidos y divisiones internas que comprometían la unidad del Cuerpo de Cristo, Pablo se presenta no con sublimidad de palabras o de sabiduría, sino con el anuncio de Cristo, de Cristo crucificado. Su fuerza no es el lenguaje persuasivo sino, paradójicamente, la debilidad y el temblor de quien se confía sólo al "poder de Dios" (cfr1 Cor 2,1-4). La Cruz, por todo lo que representa y también por el mensaje teológico que contiene, es escándalo y necedad. Lo afirma el Apóstol con una fuerza impresionante, que es mejor escuchar de sus mismas palabras: "La predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios... quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles" (1 Cor 1,18-23).

Las primeras comunidades cristianas, a las cuales Pablo se dirige, saben muy bien que Jesús ahora está resucitado y vivo; el Apóstol quiere recordar no sólo a los Corintios y a los Gálatas, sino a todos nosotros que el Resucitado es siempre aquel que ha sido crucificado. El "escándalo" y la "necedad" de la Cruz están precisamente en el hecho que ahí donde parece haber solo fracaso, dolor, derrota, precisamente allí está todo el poder del Amor ilimitado de Dios, porque la Cruz es expresión de amor y el amor es el verdadero poder que se revela precisamente en esta aparente debilidad. Para los judíos la Cruz es skandalon, es decir, trampa o piedra de tropiezo: parece obstaculizar la fe del pío israelita, que no consigue encontrar nada parecido en las Sagradas Escrituras. Pablo, con no poco valor, parece decir aquí que la apuesta es altísima: para los judíos, la Cruz contradice la esencia misma de Dios, que se ha manifestado con signos prodigiosos. Por tanto, aceptar la Cruz de Cristo significa realizar una profunda conversión en el modo de relacionarse con Dios. Si para los judíos el motivo de rechazo de la Cruz se encuentra en la Revelación, es decir, en la fidelidad al Dios de sus padres, para los griegos, es decir, los paganos, el criterio de juicio para oponerse a la Cruz es la razón. Para estos últimos, de hecho, la Cruz es moría, necedad, literalmente insipidez, alimento sin sal; por tanto, más que un error, es un insulto al buen sentido.

Pablo mismo en más de una ocasión tuvo la amarga experiencia del rechazo del anuncio cristiano juzgado "insípido", irrelevante, ni siquiera digno de ser tomado en consideración en el plano de la lógica racional. Para quien, como los griegos, buscaba la perfección en el espíritu, en el pensamiento puro, ya era inaceptable que Dios se hiciera hombre, sumergiéndose en todos los límites del espacio y del tiempo. ¡Por tanto era decididamente inconcebible creer que un Dios pudiera acabar en una Cruz! Y vemos como esta lógica griega es también la lógica común de nuestro tiempo. El concepto de apátheia, indiferencia, como ausencia de pasiones en Dios, ¿cómo habría podido comprender a un Dios hecho hombre y derrotado, que incluso luego habría recuperado su cuerpo para vivir como resucitado? "Te escucharemos sobre esto en otra ocasión" (Hch 17,32) le dijeron despreciativamente los Atenienses a Pablo, cuando oyeron hablar de la resurrección de los muertos. Creían que la perfección era liberarse del cuerpo, concebido como prisión; ¿cómo no considerar una aberración recuperar el cuerpo? En la cultura antigua no parecía haber espacio para el mensaje del Dios encarnado. Todo el acontecimiento "Jesús de Nazaret" parecía estar marcado por la más total insipidez y ciertamente la Cruz era el punto más emblemático.

¿Pero por qué san Pablo precisamente de esto, de la palabra de la Cruz, ha hecho el punto fundamental de su predicación? La respuesta no es difícil: la Cruz revela "el poder de Dios" (cfr 1 Cor 1,24), que es diferente del poder humano; revela de hecho su amor: "Porque la necedad divina es más divina, es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres" (ivi v. 25). A siglos de distancia de Pablo, vemos que ha vencido la Cruz y no la sabiduría que se opone a Cruz. El Crucificado es sabiduría, porque manifiesta de verdad quien es Dios, es decir poder de amor que llega hasta la Cruz para salvar al hombre. Dios se sirve de modos e instrumentos que a nosotros nos parecen a primera vista sólo debilidad. El Crucificado desvela, por una parte, la debilidad del hombre, y por otra, el verdadero poder de Dios, es decir, la gratuidad del amor: precisamente esta gratuidad total del amor es la verdadera sabiduría. De esto san Pablo ha hecho experiencia hasta en su carne, y nos da testimonio de ello en varios pasajes de su recorrido espiritual, que se han convertido en puntos de referencia precisos para todo discípulo de Jesús: "Él me dijo: Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Cor 12,9); y aún: "ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte" (1 Cor 1,28). El Apóstol se identifica hasta tal punto con Cristo que él también, aunque en medio de tantas pruebas, vive en la fe del Hijo de Dios que le amó y se entregó por los pecados suyos y de todos (cfr Gal 1,4; 2,20). Este dato autobiográfico del Apóstol es paradigmático para todos nosotros.

San Pablo ofreció una admirable síntesis de la teología de la Cruz en la segunda Carta a los Corintios (5,14-21), donde todo está contenido en dos afirmaciones fundamentales: por una parte Cristo, a quien Dios ha tratado como pecado a favor nuestro (v. 21), ha muerto por todos (v. 14); por otra, Dios nos ha reconciliado consigo, no imputándonos a nosotros nuestras culpas (vv. 18-20). Por este "ministerio de la reconciliación" toda esclavitud ha sido rescatada (cfr 1 Cor 6,20; 7,23). Aquí aparece cómo todo esto es relevante para nuestra vida. También nosotros debemos entrar en este "ministerio de la reconciliación", que supone siempre la renuncia a la propia superioridad y la elección de la necedad del amor. San Pablo ha renunciado a su propia vida dándose totalmente a sí mismo para el ministerio de la reconciliación, de la Cruz que es salvación para todos nosotros. Y esto debemos saber hacer también nosotros: podemos encontrar nuestra fuerza precisamente en la humildad del amor y nuestra sabiduría en la debilidad de renunciar para entrar así en la fuerza de Dios. Debemos formar nuestra vida sobre esta verdadera sabiduría: no vivir para nosotros mismos, sino vivir en la fe en ese Dios del que todos podemos decir: "Me ha amado y se ha dado a sí mismo por mí".

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

La experiencia de Pablo camino de Damasco cambió totalmente su existencia que quedó marcada por el significado central de la Cruz: entendió que Cristo había muerto y resucitado por él y por todos. La Cruz tiene un lugar principal en la historia de la humanidad y es objeto continuo de la teología paulina. La Cruz es "escándalo y necedad" (1 Co 1,18-23): donde parece reinar sólo el dolor y la debilidad, es donde está todo el poder del Amor infinito de Dios. La Cruz es el "centro del centro" del misterio cristiano. Ciertamente la encarnación y la resurrección son misterios centrales del cristianismo; pero san Pablo ve en la Cruz la manifestación más elocuente del Amor de Dios por nosotros.

Para el Apóstol, Cristo crucificado es sabiduría, porque manifiesta en verdad quién es Dios, y nos muestra el amor que salva al hombre de manera gratuita. Esta total gratuidad es la verdadera sabiduría. En la segunda carta a los Corintios (5,14-21), Pablo expresa en dos afirmaciones su experiencia del Crucificado. En primer lugar, Dios ha tratado como pecado a Cristo que ha muerto por todos, ha expiado nuestro pecado. En segundo lugar, Dios nos ha reconciliado consigo, sin imputarnos nuestras culpas. Los creyentes podemos decir con san Pablo: "¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de Cristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo!" (Ga 6, 14).

Saludo a los peregrinos de lengua española, especialmente a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países de Latinoamérica. Que Dios, en este Año Paulino, os ayude a profundizar en el misterio de Cristo, muerto y resucitado por todos.

Muchas gracias.

[Traducción del italiano por Irma Álvarez]

viernes, 16 de enero de 2009

Me amas, me llamas...

Dice el Señor:
"Antes de haberte formado yo en el seno
materno, te elegí, y antes que nacieses,
te tenía consagrado y te constituí profeta
de las naciones" (Is 1,5)

Desde siempre... me amabas,
me llamabas y, aunque yo me apartaba,
Tú no te alejabas.
Y, en mis búsquedas y noches,
siempre estabas...


... Me tocabas, para que el sueño
no me inmovilizara;
me sensibilizabas, para que el trabajo
no me "profesionalizara";
y, en amar, me especializara...


... Me perdonabas, para que
tu Misericordia, yo experimentara.
Para que, siendo perdonado, perdonara;
viendo tus llagas, yo llorara;
siendo por Ti, besado, yo besara,
y mi rencor, cesara...


¡Desde siempre... me resucitabas;
para que la muerte, no fuese una escapada;
para que orar, no fuese falsa calma;
y para que, en dar la vida:
me ejercitara (Jn 15, 13) y me habituara (Lc 9, 23)...!


Presbítero José Luis Carvajal

sábado, 10 de enero de 2009

Desatino

"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,

si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena

o platillos que aturden" 1 Cor 13,1


Cómo nos cuesta entender

el simple lenguaje del apóstol.

Multiplicamos los idiomas,

creamos jeroglíficos,

perturbamos con gritos,

elevamos nuestro ego,

sepultamos el amor.

Somos bronce que resuena,

somos platillos que aturden.

Cómo nos cuesta alcanzar

el simple ejemplo de San Pablo,

hoy más vigente que nunca.

Construimos barreras,

disfrazamos sentimientos,

congelamos las palabras.

derribamos la bondad.

¿Por qué, si ya sabemos

que el amor todo lo puede,

le escapamos cual rufianes

persiguiendo quimeras

que sólo pueden darnos

el vacío de no ser?


Mabel Pruvost de Kappes

Muestra de iconos contemporáneos


.
LA VIDA DE SAN PABLO, EL APÓSTOL
en 25 iconos contemporáneos

Pinturas realizadas por Teresa Groselj, fsp.

En el Centro Cultural Borges, Viamonte esquina San Martín, Buenos Aires, Sala 28.

La muestra permanecerá hasta el 25 de enero de 2009.
.
Horarios:
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.

sábado, 3 de enero de 2009

El apóstol Pablo y la comunicación

.
El apóstol Pablo será siempre una referencia para la Iglesia, si el tema es la comunicación. Esto sucede, porque este apóstol no midió esfuerzos en interactuar con personas y comunidades. Con su vida mostró que evangelizar es “comunicar”.

Una de las necesidades básicas del ser humano es la comunicación que permite que las personas interactúen entre sí y construyan la sociedad. Así como no existen hombres sin sociedad, tampoco existe sociedad sin comunicación. Constituye el hilo conductor que traspasa personas, grupos sociales e instituciones, y posibilita la cimentación de lo que llamamos cultura.

La comunicación, tanto verbal como no verbal, es, en principio, una experiencia antropológica fundamental, cuyo significado reside en su propio término. El primer sentido, originario del latín, se remonta al siglo XII (1160), y remite a la idea de comunión, de participación. La comunicación es siempre una búsqueda del otro y de un compartir. Sin embargo, por más que la palabra comunicación esté de moda, no siempre las personas participan, de manera satisfactoria, de esto proceso, particularmente en la relación interpersonal, llegando, a veces, a malentendidos.

No basta con querer interactuar. Si alguien no logra expresar sus pensamientos y sentimientos, de modo inteligible, al interlocutor, la comunicación puede fracasar. Comunicar es también ser receptivo para aceptar e interpretar lo que el otro tiene para decir. Entonces, el buen comunicador no es aquél que habla mucho, sino el que habla lo necesario y escucha con atención, emitiendo la respuesta adecuada para crear “interacción”.
En este sentido, la escucha es un elemento importante en el proceso comunicativo. Escuchar no se reduce a “oír”. Se puede oír un ruido, una voz, un mensaje, y no interesa su significado. “Escuchar”, al contrario, es prestar atención no sólo al mensaje, sino, también, a la persona que transmite su contenido. Escuchar es percibir al otro en su situación. Para eso, es necesario vencer el deseo de dar respuestas sin “escuchar” o antes que el interlocutor termine de expresar totalmente lo que piensa.

Los medios de comunicación (imprenta, radio, cine, televisión, Internet...) si bien son muy importantes, no deberían hacernos olvidar que la comunicación es, antes de todo, una experiencia humana. El uso de las tecnologías de la comunicación facilita los contactos y los intercambios de informaciones, pero no hay ninguna prueba de que mejora la calidad de la comunicación entre las personas. Lo mismo sucede con Internet, el nuevo espacio de comunicación donde convergen todos los medios. La Internet, como todos los otros instrumentos de comunicación, refuerza y estimula el intercambio de experiencias e informaciones, pero no sustituye las relaciones personales ni la vida comunitaria.

Pablo en la perspectiva de la comunicación

Hoy en día, la palabra “comunicador” sugiere una imagen “esteriotipada”, inculcada por los medios. En referencia a la televisión y, específicamente, al presentador de noticiero, alude al arquetipo del hombre y de la mujer bien presentados y maquillados, con buena dicción y apariencia cinematográfica. Además, ya existen programas periodísticos cuyos presentadores son modelos, o sea, personas que no tienen ninguna experiencia en periodismo, pero su “imagen” converge con el perfil trazado por la lógica del espectáculo.
El apóstol Pablo, visto desde la perspectiva del comunicador, no tiene nada que ver con las “estrellas” producidas por los medios. Sus cartas, especialmente las dos que escribió a los corintios, revelan a un hombre que está más allá del estilo del “comunicador espectacular”, sea el de la época actual o el de su tiempo. Tal imagen es perceptible en algunas de sus expresiones, que nacen de las controversias creadas con los falsos apóstoles, quienes, en nombre del Evangelio, se apoyaban en el poder del lenguaje, intentaban cautivar por las apariencias, buscando ventajas personales, y no el anuncio de Jesucristo (cf. 2Cor 10, 12).

Al confrontar su predicación con la de los falsos evangelizadores, Pablo afirma a los corintios que no sabe hablar con el mismo brillo: Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría (1Cor 2, 1); reconoce que no tiene una gran preparación para la comunicación oral: Aunque no tengo preparación para hablar, no me falta el conocimiento (2Cor 11, 6) y que su presencia no era nada seductora: Débil y temblando de miedo me presenté ante ustedes; mi mensaje y mi proclamación no se apoyaban en palabras sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder divino (1Cor 2, 3).

Pablo no buscaba seducir a las personas por el lenguaje, ni por la retórica ni tampoco por las apariencias, como los otros evangelizadores. Algunos miembros de las comunidades no entendían este modo de actuar, a tal punto que desconfiaban de él. Llegaban a dudar de que él fuera un evangelizador auténtico, por faltarle esas características.

Valdir José de Castro
Superior Provincial de la Sociedad de San Pablo.
Revista Paulus.

La carta a los Romanos - Parte 2

Síntesis teológica o estructuras subyacentes


Veamos ahora los grandes ejes temáticos de Romanos. Son la estructura oculta que surca toda la carta y muestra la profundidad del pensamiento paulino. Son como una conclusión que Pablo no escribió y que hubiéramos esperado al final de la carta, pero que en realidad aparece por debajo de todo lo que escribe.

En toda la carta, pero especialmente en el primer y el tercer bloque, hallamos un primer eje temático y una estructura argumentativa semejante: se muestra que ningún ser humano, judío o pagano, es merecedor de la justificación (el paso a la amistad con Dios); al contrario, Dios tendría derecho a negarla por el pecado de la humanidad. Sin embargo, la infinita misericordia de Dios desborda a través de Cristo para abrir a todos un camino de salvación. Más aún, también sobre los que lo rechazaron, a quienes justamente Dios podría dejar librados a su endurecimiento, Dios derrama su misericordia libre y gratuita, sin mérito alguno por parte del ser humano. Así, sobre el contraluz del rechazo del ser humano, Dios manifiesta mejor su absoluta y amorosa libertad, eligiendo tener misericordia de todos más allá e independientemente de cualquier mérito humano. Esto muestra que es insensato gloriarse en sí mismo o en alguna obra propia.
El primer eje es entonces el siguiente: “Situación de pecado de todo ser humano (necesidad de redención) – Redención gratuita que realizó Cristo en su Pascua – Imposibilidad e insensatez de gloriarse”.

Pero esto tiene consecuencias: a los que ya han aceptado a Cristo como Señor se los invita a descubrir la grandeza de la nueva situación de los justificados y a responder a la misericordia de Dios ofreciéndose a sí mismos, de manera que, bajo el impulso del Espíritu que renueva al ser humano a imagen de Cristo, puedan crecer en una vida nueva agradable a Dios. Pero en ese camino, lo que da sentido y valor salvífico a cualquier obra o actitud humana es el amor.
Entonces el segundo eje, predominante en el segundo y el cuarto bloque, es el siguiente: “Misericordia gratuita de Dios – Renovación obrada por el Espíritu – Ofrenda de sí mismo – Camino de crecimiento en el amor bajo el impulso del Espíritu”.

Este segundo eje muestra la dinámica que se produce bajo el impulso del Espíritu en el justificado, como un dinamismo que necesariamente sigue a la justificación. El amor infinito de Dios no nos deja iguales. Nos promueve para que pongamos lo mejor de nosotros mismos y participemos con nuestra libertad en un camino de crecimiento. Él no nos hace crecer sin nosotros. La justificación gratuita nos capacita para iniciar una nueva forma de vivir. Como todo procede de su amor gratuito, las buenas obras permiten un cierto discernimiento, pero nunca producen una certeza que lleve a la persona a gloriarse en sí misma.
Pero este segundo eje es siempre superado por el eje principal de la carta, que predomina en el primer y el tercer bloque: La misericordia gratuita de Dios en Cristo, que puede obrar, más allá de toda acción o actitud humana, aun en los rebeldes obstinados. Pablo piensa en primer lugar en los miembros de su propio pueblo rebelde, pero deja en suspenso el modo concreto como Dios podría concretar este designio misericordioso de salvación.

.
Extraído de
"Pablo Apasionado",
Víctor Manuel Fernández.
Editorial San Pablo.

www.san-pablo.com-ar

La carta a los Romanos - Parte 1

El estilo de Romanos


Es fácil advertir las semejanzas entre Romanos y Gálatas. Puede decirse que Gálatas sintetiza lo más específico del pensamiento maduro de Pablo en un contexto de fuerte polémica, y que Romanos explaya ese mismo contenido pero más serenamente y con mayor reflexión. Es cierto que en Gál 2, 21 y 5, 6 se sintetiza lo mejor de la reflexión paulina, pero la explicación teológica acabada de esas afirmaciones se encuentra en Romanos. Como contrapartida, Romanos carece del calor apostólico que desborda en cada perícopa de Gálatas. Esto no debe hacer pensar, sin embargo, que Romanos es un escrito teológico de escritorio, redactado en una situación ideal de calma emotiva y abstrayendo de todo contexto histórico. Bien puede decirse que “la reflexión teológica de Pablo nunca es suave, siempre es sufrida”. Porque mientras en Gálatas se destacan la indignación y la desilusión, cuando escribe Romanos los sentimientos que carcomen el corazón de Pablo son el temor y la incertidumbre (Rom 15, 30-31).

Es cierto que el Apóstol no podía dirigirse a esta iglesia como a una esposa, ni podía tratar a los romanos como a hijos que él había engendrado; pero esto no significa que la carta no tuviera en cuenta a los destinatarios, porque varios indicios sugieren que Pablo se había informado detalladamente sobre la comunidad antes de escribirle. Por eso coloca en la carta el himno de Rom 8, 34 sabiendo que era altamente estimado en la comunidad de Roma. Y la parte exhortativa de la carta “demuestra que conocía bastante bien la situación eclesial de los destinatarios y la tenía debidamente en cuenta”.

En esta carta, más todavía que en los demás escritos de Pablo y de su escuela, es sumamente importante no detenerse demasiado en los detalles ni en las afirmaciones parciales, sino mirar directamente hacia dónde apunta el conjunto del pensamiento del autor, qué es lo que le interesaba transmitir con la totalidad de la obra. Pablo es el teólogo de las grandes síntesis, que se muestran en un juego de afirmaciones dialécticas que a veces parecen negarse unas a otras. Si uno se queda en los detalles, fácilmente se desconcierta, porque Pablo parece contradecirse a sí mismo. En una parte dice algo con mucha fuerza y en otra parte uno se encuentra con una afirmación diferente. Además, parece que nunca concluye un tema, siempre lo deja abierto a reflexiones posteriores.

Pablo muestra una estructura mental que rechaza los cortes netos y las argumentaciones aisladas, como si frente al misterio del plan de Dios fuera imposible para el ser humano llegar a una conclusión definitiva. Esto es típico del pensamiento judío. Los judíos suelen leer la Biblia con la convicción de que los textos siempre pueden aportar algo más, siempre quedan abiertos a un nuevo sentido.
Al escribir, Pablo conserva el estilo de la predicación, donde nunca se dice todo. Por eso entremezcla y retoma los temas, sorprendiendo al lector que creía haber concluido alguna argumentación.

Por todo esto, sería inadecuado detenerse demasiado en alguna de sus afirmaciones. Lo más adecuado es mirar, desde arriba, la armonía que resulta finalmente del juego de oposiciones: “En tanto no hayamos visto bien cómo se armonizan los distintos temas, no podremos decir lo que Pablo quiere mostrar ni cómo lo muestra”. Por eso mismo, es mucho más importante descubrir las grandes líneas de pensamiento que surcan toda la carta, y no tanto detenerse a comentar cada versículo o a discutir minuciosamente posibles subdivisiones que seguramente no estaban entre las preocupaciones de Pablo de Tarso. Muchos autores coinciden hoy en que “conviene evitar la idea de una malla bien tejida de pormenores estructurales”, que suelen proceder de la rica imaginación de los intérpretes pero no ayudan a la comprensión del texto.

En toda la carta encontramos grandes ejes temáticos que predominan en alguno de los bloques de la carta, pero que se entremezclan y combinan constantemente. Si esto es así, lo que más interesa es descubrir cuáles son los grandes ejes del pensamiento de Pablo, que son los que dan sentido a los distintos detalles de sus cartas.
.
Extraído de
"Pablo Apasionado",
Víctor Manuel Fernández.
Editorial San Pablo.

“La divinidad de Cristo, centro de la predicación de san Pablo”

Catequesis del Papa sobre san Pablo del miércoles 22 de octubre de 2008.

.
Queridos hermanos y hermanas,

En las catequesis de las semanas anteriores hemos meditado sobre la “conversión” de san Pablo, fruto del encuentro personal con Jesús crucificado y resucitado, y nos hemos interrogado sobre cuál fue la relación del Apóstol de los gentiles con el Jesús terreno. Hoy quisiera hablar de la enseñanza que san Pablo nos ha dejado sobre la centralidad del Cristo resucitado en el misterio de la salvación, sobre su cristología. En verdad, Jesucristo resucitado, “exaltado sobre todo nombre”, está en el centro de todas sus reflexiones. Cristo es para el Apóstol el criterio de valoración de los acontecimientos y de las cosas, el fin de todo esfuerzo que él hace para anunciar el Evangelio, la gran pasión que sostiene sus pasos por los caminos del mundo. Y se trata de un Cristo vivo, concreto: el Cristo -dice Pablo- “que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20). Esta persona que me ama, con la que puedo hablar, que me escucha y me responde, éste es realmente el principio para entender al mundo y para encontrar el camino en la historia.

Quien ha leído los escritos de san Pablo sabe bien que él no se preocupa de narrar los hechos sobre los que se articula la vida de Jesús, aunque podemos pensar que en sus catequesis contaba mucho más sobre el Jesús prepascual de cuanto escribía en sus cartas, que son amonestaciones en situaciones concretas. Su tarea pastoral y teológica estaba tan dirigida a la edificación de las nacientes comunidades, que era espontáneo en él concentrar todo en el anuncio de Jesucristo como “Señor”, vivo ahora y presente en medio de los suyos. De ahí la esencialidad característica de la cristología paulina, que desarrolla las profundidades del misterio con una preocupación constante y precisa: anunciar, ciertamente, a Jesús, su enseñanza, pero anunciar sobre todo la realidad central de su muerte y resurrección, como culmen de su existencia terrena y raíz del desarrollo sucesivo de toda la fe cristiana, de toda la realidad de la Iglesia. Para el Apóstol, la resurrección no es un acontecimiento en sí mismo, separado de la muerte: el Resucitado es el mismo que fue crucificado. También como Resucitado lleva sus heridas: la pasión está presente en él y se puede decir con Pascal que él está sufriendo hasta el fin del mundo, aún siendo el Resucitado y viviendo con nosotros y para nosotros. Esta identidad del Resucitado con el Cristo crucificado, Pablo la había entendido en el camino de Damasco: en ese momento se reveló con claridad que el Crucificado es el Resucitado y el Resucitado es el Crucificado, que dice a Pablo: “¿Por qué me persigues?” (He 9,4). Pablo estaba persiguiendo a Cristo en la Iglesia y entonces entendió que la cruz es “una maldición de Dios” (Dt 21,23), pero sacrificio para nuestra redención.

El Apóstol contempla fascinado el secreto escondido del Crucificado-resucitado y a través de los sufrimientos experimentados por Cristo en su humanidad (dimensión terrena) llega a esa existencia eterna en que él es uno con el Padre (dimensión pre-temporal): “Al llegar la plenitud de los tiempos -escribe- envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gal 4,4-5). Estas dos dimensiones, la preexistencia eterna con el Padre y el descendimiento del Señor en la encarnación, se anuncian ya en el Antiguo Testamento, en la figura de la Sabiduría. Encontramos en los Libros sapienciales del Antiguo Testamento algunos textos que exaltan el papel de la Sabiduría preexistente a la creación del mundo. En este sentido deben leerse pasajes como el del Salmo 90: “Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios” (v. 2); o pasajes como el que habla de la Sabiduría creadora: “Yahveh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra” (Pr 8, 22-23). Sugestivo es también el elogio de la Sabiduría, contenido en el libro homónimo: “Se despliega vigorosamente de un confín a otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo” (Sb 8,1).

Los mismos textos sapienciales que hablan de la preexistencia eterna de la Sabiduría, hablan de su descendimiento, del abajamiento de esta Sabiduría, que se ha creado una tienda entre los hombres. Así sentimos resonar ya las palabras del Evangelio de Juan que habla de la tienda de la carne del Señor. Se creó una tienda en el Antiguo Testamento: aquí se indica al templo, al culto según la “Torah”; pero desde el punto de vista del Nuevo Testamento, podemos entender que ésta era sólo una prefiguración de la tienda mucho más real y significativa: la tienda de la carne de Cristo. Y vemos ya en los Libros del Antiguo Testamento que este abajamiento de la Sabiduría, su descenso a la carne, implica también la posibilidad de ser rechazada. San Pablo, desarrollando su cristología, se refiere precisamente a esta perspectiva sapiencial: reconoce a Jesús la sabiduría eterna existente desde siempre, la sabiduría que desciende y se crea una tienda entre nosotros, y así puede describir a Cristo como “fuerza y sabiduría de Dios”, puede decir que Cristo se ha convertido para nosotros en “sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención” (1 Cor 1,24.30). De la misma forma, Pablo aclara que Cristo, igual que la Sabiduría, puede ser rechazado sobre todo por los dominadores de este mundo (cfr 1 Cor 2,6-9), de modo que se crea en los planes de Dios una situación paradójica: la cruz, que se volverá en camino de salvación para todo el género humano.

Un desarrollo posterior de este ciclo sapiencial, que ve a la Sabiduría abajarse para después ser exaltada a pesar del rechazo, se encuentra en el famoso himno contenido en la Carta a los Filipenses (cfr 2,6-11). Se trata de uno de los textos más elevados de todo el Nuevo Testamento. Los exegetas en gran mayoría concuerdan en considerar que esta perícopa trae una composición precedente al texto de la Carta a los Filipenses. Este es un dato de gran importancia, porque significa que el judeo-cristianismo, antes de san Pablo, creía en la divinidad de Jesús. En otras palabras, la fe en la divinidad de Jesús no es un invento helenístico, surgido después de la vida terrena de Jesús, un invento que, olvidando su humanidad, lo habría divinizado: vemos en realidad que el primer judeo-cristianismo creía en la divinidad de Jesús, es más, podemos decir que los mismos Apóstoles, en los grandes momentos de la vida de su Maestro, han entendido que él era el Hijo de Dios, como dijo san Pedro en Cesarea de Filipo: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16). Pero volvamos al himno de la Carta a los Filipenses. La estructura de este texto puede ser articulada en tres estrofas, que ilustran los momentos principales del recorrido realizado por Cristo. Su preexistencia la expresan las palabras “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios” (v. 6); sigue después el abajamiento voluntario del Hijo en la segunda estrofa: “se despojó de sí mismo tomando condición de siervo” (v. 7), hasta humillarse a sí mismo “obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (v. 8). La tercera estrofa del himno anuncia la respuesta del Padre a la humillación del Hijo: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (v. 9). Lo que impresiona es el contraste entre el abajamiento radical y la siguiente glorificación en la gloria de Dios. Es evidente que esta segunda estrofa está en contraste con la pretensión de Adán que quería hacerse Dios, y contrasta también con el gesto de los constructores de la torre de Babel que querían edificar por sí solos el puente hasta el cielo y hacerse ellos mismos divinidad. Pero esta iniciativa de la soberbia acabó con la autodestrucción: así no se llega al cielo, a la verdadera felicidad, a Dios. El gesto del Hijo de Dios es exactamente lo contrario: no la soberbia, sino la humildad, que es la realización del amor, y el amor es divino. La iniciativa de abajamiento, de humildad radical de Cristo, con la que contrasta la soberbia humana, es realmente expresión del amor divino; a ella le sigue esa elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor.

Además de la Carta a los Filipenses, hay otros lugares de la literatura paulina donde los temas de la preexistencia y del descendimiento del Hijo de Dios sobre la tierra están unidos entre ellos. Una reafirmación de la asimilación entre Sabiduría y Cristo, con todas las consecuencias cósmicas y antropológicas, se encuentra en la primera Carta a Timoteo: “Él ha sido manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los Ángeles, proclamado a los gentiles, creído en el mundo, levantado a la gloria” (3,16). Es sobre todo en estas premisas que se puede definir mejor la función de Cristo como Mediador único, sobre el marco del único Dios del Antiguo Testamento (cfr 1 Tm 2,5 en relación a Is 43,10-11; 44,6). Cristo es el verdadero puente que nos guía al cielo, a la comunión con Dios.

Y finalmente, sólo un apunte a los últimos desarrollos de la cristología de san Pablo en las Cartas a los Colosenses y a los Efesios. En la primera, Cristo es calificado como “primogénito de todas las criaturas” (1,15-20). Esta palabra “primogénito” implica que el primero entre muchos hijos, el primero entre muchos hermanos y hermanas, ha bajado para atraernos y hacernos sus hermanos y hermanas. En la Carta a los Efesios encontramos la bella exposición del plan divino de la salvación, cuando Pablo dice que en Cristo Dios quería recapitularlo todo (cfr. Ef 1,23). Cristo es la recapitulación de todo, reasume todo y nos guía a Dios. Y así implica un movimiento de descenso y de ascenso, invitándonos a participar en su humildad, es decir, a su amor hacia el prójimo, para ser así partícipes de su glorificación, convirtiéndonos con él en hijos en el Hijo. Oremos para que el Señor nos ayude a conformarnos a su humildad, a su amor, para ser así partícipes de su divinización.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Como hemos visto en las catequesis de las pasadas semanas, san Pablo no se preocupó tanto de contar los hechos aislados de la vida de Jesús, sino de anunciar a la comunidad naciente a Cristo como el "Señor", vivo y presente entre nosotros. Él es el mismo, encarnado, crucificado, resucitado y vivo. Para comprender esto hay que tener en cuenta la idea de la Sabiduría preexistente al mundo de la cual habla el Antiguo Testamento. Cristo, en su condición de Hijo, es coeterno con el Padre. Con su Encarnación, sin dejar de ser Dios, adquiere ciertamente algo que no tenía, la condición humana hasta hacerse siervo, para rescatarla y salvarla. Con su glorificación, Cristo, que es "fuerza de Dios y sabiduría de Dios", es también para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención (cfr. 1 Co 1,25.30). Otra formulación de la cristología paulina exalta el primado de Cristo sobre todas las cosas, el "primogénito" de los que aman a Dios y han sido llamados a ser imagen de su Hijo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de Argentina, España, México, Panamá, Perú y otros Países latinoamericanos. Invito a todos a contemplar el plan de salvación que san Pablo nos muestra con hondura, y al que nos exhorta a participar uniéndonos íntimamente a Cristo.

Muchas gracias.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

sábado, 6 de diciembre de 2008

De Saulo perseguidor a Pablo evangelizador

Recopilaciones sobre San Pablo


En la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma. el 28 de junio del 2008 Benedicto XVI proclamo el año jubilar dedicado al Apóstol San Pablo del 28 de junio del 2008 al 29 de junio del 2009,al celebrarse los 2000 años del nacimiento del Apóstol. Es el tiempo de San Pablo, es la hora de San Pablo, del gran protagonista del nacimiento del cristianismo. Pablo, nombre romano que significa pequeño, poco, oculta en realidad al hebreo Saulo, que significa invocado, llamado. Pablo era un judío laico y su modo de relación con Dios tuvo un lugar muy importante en su proceso de conversión.

Pablo es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo, y después de Jesús y María la persona más importante del cristianismo.

Nació en Tarso en la costa sur de Asia Menor, la actual Turquía, y dicha ciudad concedía la ciudadanía romana pese a ser hijo de judíos. Era un centro importante de cultura y comercio y poseía un puerto muy activo.

Desde el siglo VI antes de Cristo hubo mucha emigración de judíos fuera de Palestina. En casi todas las ciudades del Imperio Romano habían barrios judíos, cada uno con su sinagoga y organización comunitaria, constituían así la llamada diáspora o dispersión y Pablo era uno de ellos, que aprendió el griego y de la Biblia en lengua griega, lo que lo hacia instruido y ello le daba la posibilidad de hablar, participar e instruir. Al ser Jerusalén el centro espiritual de todos los judíos, se entiende como Pablo nacido en Tarso, creció en Jerusalén. Nacido en el seno de una familia judía se crió en las exigencias de la Ley de Dios y de las tradiciones Paternas(Gál 1, 14). Los judíos de la diáspora era judíos practicante, su mayor preocupación era la observancia de la Ley de Dios, y en ese ambiente protegido y rígido, creció Pablo.

Además de la formación básica en Tarso recibió una formación superior en Jerusalén, estudió a los pies de Gamaliel (Hechos 22,3), se formó en la tradición de los fariseos (Filp 3, 5, Hech 26, 5), la lectura de la Biblia era el eje de la formación.

Mientras Pablo estudiaba en Jerusalén, vivía en Nazareth otro joven llamado Jesús, pero este era pobre y no tuvo posibilidades de estudiar allí, pues para sobrevivir trabajaba en el campo y en la carpintería de su padre, Pablo y Jesús al parecer nunca se encontraron durante la vida. Jesús era entre 5 y 8 años mayor que Pablo, los dos debieron recibir la misma formación básica en casa, en la sinagoga y en la escuela anexa a la sinagoga. Pablo era de la ciudad, Jesús del campo, del interior, de ahí que las comparaciones de Jesús son casi todas del mundo rural: simiente, campos, flores, las de Pablo vienen del ambiente de la gran ciudad que marcó su vida. Tenia cualidades de líder, fue testigo oficial de la ejecución de Esteban(Hech 7,58), fue emisario del Sanedrín para Damasco(Hech 9, 2-22). Tenía ante sí un futuro prometedor y la posibilidad de una carrera brillante, pero la entrada de Jesús en su vida modificó esa situación ventajosa. Lo que era ganancia se volvió pérdida (Filip 3,7), por Cristo perdió todo, el mismo dirá más tarde”Por su causa perdí todo, y considero todo como basura a fin de ganar a Cristo y estar con él (Filip 3,8)”.

Pablo tenia 28 años de edad, poseía poder y prestigio en nombre del Sanedrín, dirigía la persecución contra los cristianos, su actividad persecutoria se extendía de Jerusalén a Damasco, y después de dedicarse a “perseguir sobremanera” y a “asolar las comunidades cristianas”, según sus propias palabras en Gálatas 1 y Filipenses 2, 6, se convirtió para ser el principal difusor del cristianismo.

Mientras realizaba este camino aparece una luz, Pablo cae y oye una voz”Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?(Hech 9,4). Dios no pidió permiso, entró sin más y lo derribó. No hay caballo en la historia de la conversión de Pablo, solo hay una caída mucho más violenta que caer de un caballo, y una luz lo envolvió, luz tan fuerte que quedó ciego tres
días sin comer ni beber (Hech 9,8-9) Son tres días de oscuridad y de muerte que anteceden a la resurrección, y Dios mayor que la ruptura le dio la continuidad y tuvo la certeza de que Dios lo acogía y le justificaba, ya no consigue confiar en aquello que el hace por Dios, sino lo que Dios hace por él, ya no coloca su seguridad en la observancia de la Ley sino en el Amor de Dios por él(Gál 2,20-21, Rom 3, 21-24, significó un cambio profundo pero no una mudanza o cambio de Dios, continuó fiel a su Dios y también a su pueblo, al volverse cristiano, no estaba dejando de ser judío. al contrario se volvía mas judío que antes y fue la voluntad de ser fiel a las esperanzas de su pueblo lo que lo llevó a acepta a Jesús como Mesías. Antes Pablo se consideraba el dueño de su vida, ahora experimenta lo contrario, “otro” es quien manda en él durante las 24 horas del día, el ciudadano romano, el hombre libre, se dice y se hace esclavo de Cristo (Rom 1, 1) (Gál 1,10, Pablo ya no se pertenece.

Cuando Pablo tenia 28años fue Dios quien intervino y lo arrancó del mundo en que vivía. Ahora a los 41 años la comunidad es la que interviene y lo manda salir del lugar que vive para andar por el mundo y ser portavoz del Evangelio. Aquella decisión de la comunidad cambio el rumbo de la Iglesia para siempre, cambió también el destino de Pablo y lo lanzó al centro de los conflictos que marcarán el resto de su vida.

Pablo viajaba con amigos, no sólo por seguridad personal, sino también por la necesidad que sentía de la comunidad, incluso al viajar, pues no anunciaba la “Buena Nueva” en su nombre sino en el de la comunidad que lo delegaba para ello (Hech 13, 1-3, Gál 2, 9. Ellos le ayudaban a superar las crisis y a vencer las dificultades. Algunos de ellos eran, Bernabé el amigo de la primera hora, Lidia, la coordinadora de la comunidad de Filipos, el matrimonio Priscila y Aquila, matrimonio judeo cristiano que fue expulsado de Roma acogiendo a Pablo durante un año y medio en Corinto compartiendo el trabajo de la fabricación de carpas y el trabajo misionero.

Hay un proceso de maduración en la misión de Pablo y toda la Iglesia, le llevó diez años para descubrir la misión universal que excedía los límites del judaísmo. Al sentir el rechazo doloroso de los judíos, era la señal de que había otra gente que estaba esperando la palabra de Dios, y así la Iglesia va madurando la misión, se va teniendo más luz sobre las Escrituras.

El contacto con las comunidades es a través de las cartas, casi siempre las escribe junto con sus compañeros de misión, ellos aparecen a su lado en el saludo inicial y los recuerdos finales, parece ser que discutían entre sí el asunto antes de escribir.

Cada uno de sus viajes parte de Jerusalén y termina allí, el objetivo de la acción misionera es llegar hasta el fin del mundo(Hech 1, 8) es decir a toda la humanidad. En ese sentido Pablo puede ser en la actualidad un modelo para todo evangelizador, por lo cual este año puede ser muy provechoso y enriquecedor para los cristianos.

En el primer viaje no se queda mucho tiempo en el mismo lugar, va pasando de ciudad en ciudad, en el segundo ya permanece más tiempo en el mismo lugar, un año y seis meses en Corinto(Hech 18,11), en el tercer viaje ocurre lo contrario que en el primero, se va derecho a Efeso (Hech 19,1 8-10) y allí se fija por tres años (Hech 20,31), a continuación tres meses en Corinto (Hech 20,3), al final ya es otro el método de irradiar el evangelio a partir de un lugar central, mientras que los viajes sirven para visitar y confirmar a las comunidades ya existentes.

Lo que más impresiona en los tres viajes son las dificultades que surgen sobre la marcha, las comunidades nacen en medio de muchas tensiones, conflictos y persecuciones.

La oración anima y acompaña a la misión, es durante una celebración donde nace la idea del viaje misionero. El Espíritu Santo provoca la iniciativa, inspira la dirección verdadera, anima a Pablo para el anuncio, la misma frecuencia y naturalidad de su acción, se encuentra en las cartas. Sus epístolas nos hacen conocer, más aún tocar en vivo al Apóstol, con su carácter y temperamento, su vigor y su dinamismo, sus geniales intuiciones doctrinales, y sobre todo la profundidad de su vida espiritual, centrada en Cristo Jesús.

Pablo se gloriaba de no aceptar pago por su trabajo en la comunidad, quería anuncia gratis el Evangelio, nunca aceptó limosna ni ayuda, a no ser de una única comunidad; de Filipo (Filp 4, 15-16, 2 Cor 11, 9).

Trabajar con las propias manos, en vez de ser una señal de esclavitud y un motivo de vergüenza, pasa a ser fuente de vida honrada. Fue exactamente en este punto del trabajo con sus propias manos donde Pablo recibió los mayores ataques de los otros misioneros. Su sensibilidad humana y social es muy grande y así está luchando por una nueva evangelización.

En Antioquía se los llamó cristianos por primera vez, antes se les reconocía como judíos renovados, ahora empiezan a tener su identidad propia.

La predicación de Pablo les ofrecía exactamente lo que ellos buscaban; una convivencia comunitaria seria, con acceso directo al Dios de Abraham, a través de la fe en Jesús, sin la circuncisión y sin la observancia de las leyes y de las costumbres de la tradición de los antiguos.

La primera división del trabajo pastoral fue que Pedro y Santiago se quedaron
como responsables del trabajo entre los judíos y Pablo y Bernabé del trabajo entre los paganos.

Pablo tuvo que cavar muy hondo en su experiencia de Cristo para saber como reaccionar y qué tenía que decir para orientar al pueblo de las comunidades, ésta experiencia personal le ayudó en el discernimiento de los problemas y en la elaboración de las cartas.

La lucha sobre los hechos en la Carta a los Gálatas y una síntesis más reflexionada en la Carta a los Romanos, nos muestran a Pablo en el tercer período de su vida, creciendo interiormente y llegando a una gran madurez, a través de la vivencia de los conflictos.

Debió sufrir muchas persecuciones, desde el día de su conversión hasta el final de su vida.

Aunque pasó por muchas prisiones aún cuando estaba en la cárcel seguía libre: escribía cartas y anunciaba el Evangelio “con firmeza y sin impedimento”( Hechos 28, 31). En nombre del mismo Evangelio, Pablo propone un nuevo tipo de convivencia en la que debe superarse toda relación de dominación que provenga de la religión (judío-griega) o de clase (libre-esclavo). De sexo (varón-mujer), o de raza (griega-bárbaro). En la raíz del evangelio está la convicción de que la otra cara del amor a Dios es el amor al prójimo.

La conversión de Pablo continúa y se perfecciona, y según sus propias palabras”Cuando me siento débil es cuando soy fuerte”(2 Cor 12, 10) procuraba mostrar como todo tomaba un sentido nuevo a partir de Jesús, vivo en la comunidad (Hech. 17,2-11 y l8,28). Para Pablo la ventana del texto del Antiguo Testamento era un espejo que hablaba de Cristo.

Su conciencia en paz con Dios lo ayudaba a seguir adelante, vivir con alegría y comunicar ternura.

En medio delos problemas del día a día se encarnan y se mezclan la locura de la cruz y la esperanza de la Resurrección.

A través de la creación de las iglesias domésticas Pablo abrió el espacio para que las mujeres pudieran ejercer la función de coordinadoras en las comunidades. Pablo tuvo el coraje de transgredir la costumbre de su propio pueblo y permitió que el grupo de mujeres de Filipo formase una comunidad.

En el momento de escribir la Carta a los Corintios, Pablo no era casado (1 Cor 7,15-16). No lo sabemos pero no estaba contra el matrimonio, y si bien había en aquel tiempo una teoría que prohibía el matrimonio, él reaccionó con fuerza y la condenó como doctrina demoníaca (1 Tim 4, 1), como hipocresía de mentirosos (1 Tim 4, 2) y como fábulas profanas de viejos(1 Tim. 4, 7). Aún sin estar casado, defendía el derecho a tener una compañera. Pablo no quiere enseñar que el varón es superior a la mujer, sino que quiere que , durante la fase de instrucción inicial, los responsables de la enseñanza en la comunidad, tengan la procedencia sobre los alumnos, sobre todo en aquella época de tantas doctrinas variadas y extrañas (1 Tim 2, 11-12) y supone como la cosa más normal que una mujer reciba instrucción y que para llegar a una posición de liderazgo en la comunidad, cosa que no era tan común en la época. Percibía muy claramente la importancia de la participación de la mujer en la misión evangelizadora de las comunidades. El acompañamiento de Pablo hacia ellas se realizaba por el contacto personal, a través de mensajeros y coordinadores, por la red de contactos entre las comunidades, a través de las cartas para animar, orientar y criticar. La razón de sus viajes era visitar, animar y confirmar a los hermanos. Había una comunicación intensa entre las comunidades, por ejemplo, Pablo nunca había estado en Roma, pero conocía mucha gente de allá (Rom 16, 1-16), su contacto con las personas era muy envolvente, en las cartas aparenta más severidad que en la realidad (2 Cor 10, 10).Sabía ser afable y acogedor, cultivaba la amistad, recordaba a las personas y mandaba saludos en las cartas.

En las comunidades fundadas por Pablo, lo que más llama la atención, es la explosión de vida nueva que se manifiesta de muchas maneras: dones, carismas, servicios, señales, milagros, oraciones, lectura de la Biblia,
celebraciones, reuniones, alegría, coraje, anuncio, caminata, lucha, martirio. Es la fuerza de la resurrección invadiendo el mundo a través del testimonio de las comunidades, del ejercicio del amor fraterno:, la caridad y el testimonio, pues la fraternidad es el rostro humano del amor de Dios. En los comienzos de la Iglesia no había mucha organización, ni era necesaria pues la gente era poca, pero la difusión de las comunidades en la periferia de las grandes ciudades, exigía más organización, bajo el riesgo de perder su propia identidad, la organización fue necesaria a partir de las necesidades y se inspiraba en la traición secular de los judíos y Pablo era su principal promotor.

Anima a la comunidad la fe en la resurrección como fuerza liberadora.

En el paso del primero al segundo período, a los 28 años, fue Dios quien tomó la iniciativa y lo derrumbó a la entrada de Damasco. En el paso del segundo para el tercer período, a los 41 años de edad, fue la comunidad quien tomó la iniciativa y lo envió para la misión. En el paso del tercero al último período de su vida, a los 53 años de edad, quienes tomaron la iniciativa fueron sus enemigos, Pablo es tomado preso en la plaza del templo, víctima de una conspiración y acusado de se un dirigente de la secta de los nazarenos (Hech 2, 5).

La predicación de Pablo pasó de una religión de un pueblo determinado a una religión abierta a toda la humanidad.

Una muerte y un nuevo nacimiento, tanto del pueblo de Dios como del mismo Pablo, las comunidades por él fundadas eran el nuevo modo de ser pueblo de Dios, la transición del antiguo modo al nuevo modo, fue un parto doloroso, y cuando Pablo fue tomado preso en la plaza del templo, esa transición estaba en plena efervescencia, la misma prisión fue una reacción de los conservadores contra el cambio, y nacer de nuevo asusta a quien tiene cierta edad (Juan 3, 4). Fue a través del contacto con los paganos que Pablo llegó a entender el alcance único de la misión del pueblo judío en el conjunto de la historia de la salvación de la humanidad diciendo: Que en Cristo Jesús los pueblos paganos tienen derecho a la herencia, que ya no están aparte, y que van a gozar de la promesa. Esta es la Buena Nueva de la que llegado a ser servidor sin mérito alguno mío, pues Dios me concedió esta gracia en el momento que su fuerza actuó en mí y sabemos que; “Aquel que resucitó a Jesús, nos resucitará también con Jesús” (2 Cor 4, 8-14).

Cuando Pablo es apresado nuevamente y se lo conduce a Roma, es el período de la persecución de Nerón. Pablo prevé su condena (2 Tim 4, 16) y siente el fin cerca. “Combatí un buen combate, terminé mi carrera, conservé la fe (2 Tim 4-7) y una certeza lo acompañó en la vida “sé en quien puse mi confianza” (2 Tim 1, 12) y “ Estoy convencido de que ni la muerte es capaz de separarnos del amor de Dios que se manifestó en Cristo Jesús (Rom 8, 38-39). No se sabe como fue la última prisión de Pablo, ni cómo fue el juzgamiento, la condena y la muerte. La tradición conserva en la historia que fue condenado a morir por la espalda, fuera de los muros de la ciudad de Roma, en un lugar llamado “Tree Fontane” y cuenta la tradición que cortada por la espada, la cabeza de Pablo rodó, saltó tres veces y se detuvo, y en el lugar donde saltó, surgieron tres fuentes “Tree Fontane”. La muerte por la espada fue el último conflicto que él enfrentó, tenía más o menos 62 años de edad, su vida fue intensa, dejó marcas en la historia de la humanidad. ¡Que el ardor y el espíritu misionero de San Pablo nos contagie en nuestra tarea evangelizadora!

Resumen realizado por:

Mariel Florentino, marielflorentino@hotmail.com

Bibliografía:
  • Boletín Informativo del M.C.C N 54 de la Arquidiócesis de Bs As.
  • Boletín Informativo N* 55 del M.C.C extractado del Mensaje del Episcopado venezolano sobre el Año Paulino.
  • Publicación del Secretariado del M.C.C N* 87(mayo-junio 2008) de la revista “Cursillos de Cristiandad”.
  • Apuntes tomados en el curso dictado por la teóloga Gloria Ladislao en la Editorial “San Pablo”.
  • Síntesis del libro “Pablo Apóstol” de Carlos Mesters de la colección Biblia 63.

martes, 2 de diciembre de 2008

VIII Encuentro de Iconografía Argentina

La Dirección General de Cultos, el Museo de Arte Popular José Hernández y la Editorial San Pablo tienen el agrado de invitar a usted a la inauguración del VIII Encuentro de Iconografía Argentina que se realizará el miércoles 17 de diciembre a las 19:00 hs.

La muestra permanecerá abierta hasta el 8 de febrero de 2009.

Horarios:
Miércoles a viernes
de 13:00 a 19:00 hs.
Sábados, domingos y feriados
de 10:00 a 20:00 hs.
Domingos gratis.

Encuentro Bíblico de Adviento

La Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN) tiene el agrado de invitarlo al Encuentro Bíblico de Adviento, que se llevará a cabo el día jueves 4 de diciembre de 17:00 a 19:00 hs.

La entrada es libre y gratuita, sujeta a la capacidad de la sala.

Riobamba 230, Ciudad de Buenos Aires
Tel.: (011) 5555-2447/48
Fax: (011) 5555-2425
cursosbiblicos@san-pablo.com.ar
sobicain@san-pablo.com.ar

lunes, 1 de diciembre de 2008

La Iglesia, fundamental en la enseñanza de san Pablo

Catequesis del Papa sobre san Pablo del miércoles 15 de octubre de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis del pasado miércoles he hablado de la relación de Pablo con el Jesús pre-pascual en su vida terrena. La cuestión era: “¿Qué supo Pablo de la vida de Jesús, de sus palabras, de su pasión?”. Hoy quisiera hablar de la enseñanza de san Pablo sobre la Iglesia. Debemos empezar por la constatación de que esta palabra “Iglesia” en español, -como “Église” en francés o “Chiesa” en italiano- está tomada del griego “ekklēsía”. Procede del Antiguo Testamento y significa la asamblea del pueblo de Israel, convocada por Dios, y particularmente la asamblea ejemplar a los pies del Sinaí. Con esta palabra ahora se alude a la nueva comunidad de los creyentes en Cristo que se sienten asamblea de Dios, la nueva convocatoria de todos los pueblos por parte de Dios y ante él. El vocablo ekklēsía aparece sólo bajo la pluma de Pablo, que es el primer autor de un escrito cristiano. Esto sucede en el incipit de la primera Carta a los Tesalonicenses, donde Pablo se dirige textualmente “a la Iglesia de los Tesalonicenses” (cfr después también a la “Iglesia de los Laodicenses” en Col 4,16). En otras Cartas habla de la Iglesia de Dios que está en Corinto (1 Cor 1,2; 2 Cor 1,1), que está en Galacia (Gal 1,2 etc.) -Iglesias particulares, por tanto- pero dice también haber perseguido “a la Iglesia de Dios”, no a una determinada comunidad local, sino “la Iglesia de Dios”. Así vemos que esta palabra “Iglesia” tiene un significado pluridimensional: indica por una parte las asambleas de Dios en determinados lugares (una ciudad, un país, una casa), pero significa también toda la Iglesia en su conjunto. Y así vemos que “la Iglesia de Dios” no es sólo la suma de las distintas Iglesias locales, sino que éstas son a su vez realización de la única Iglesia de Dios. Todas juntas son la “Iglesia de Dios”, que precede a cada Iglesia local, y que se expresa y realiza en ellas.

Es importante observar que casi siempre la palabra “Iglesia” aparece con el añadido de la calificación “de Dios”: no es una asociación humana, nacida de ideas o intereses comunes, sino de una convocación de Dios. Él la ha convocado y por eso es una en todas sus realizaciones. La unidad de Dios crea la unidad de la Iglesia en todos los lugares donde se encuentra. Más tarde, en la Carta a los Efesios, Pablo elaborará abundantemente el concepto de unidad de la Iglesia, en continuidad con el concepto de Pueblo de Dios, Israel, considerado por los profetas como “esposa de Dios”, llamada a vivir una relación esponsal con él. Pablo presenta a la única Iglesia de Dios como “esposa de Cristo” en el amor, un solo espíritu con Cristo mismo. Es sabido que el joven Pablo había sido adversario enconado del nuevo movimiento constituido por la Iglesia de Cristo. Había sido su adversario, porque había visto amenazada en este nuevo movimiento la fidelidad a la tradición del pueblo de Dios, animado por la fe en el Dios único. Esta fidelidad se expresaba sobre todo en la circuncisión, en la observancia de las reglas de la pureza cultual, en la abstención de ciertos alimentos, en el respeto del sábado. Esta fidelidad los israelitas la habían pagado con la sangre de los mártires en el periodo de los Macabeos, cuando el régimen helenista quería obligar a todos los pueblos a conformarse a la única cultura helenista. Muchos israelitas habían defendido con su sangre la vocación propia de Israel. Los mártires habían pagado con la vida la identidad de su pueblo, que se expresaba mediante estos elementos. Tras el encuentro con Cristo resucitado, Pablo entendió que los cristianos no eran traidores; al contrario, en la nueva situación, el Dios de Israel, mediante Cristo, había extendido su llamada a todas las gentes, convirtiéndose en el Dios de todos los pueblos. De esta forma se realizaba la fidelidad al único Dios; ya no eran necesarios los signos distintivos constituidos por las normas y observancias particulares, porque todos estaban llamados, en su variedad, a formar parte del único pueblo de Dios en la “Iglesia de Dios”, en Cristo.

Una cosa fue clara para Pablo inmediatamente en la nueva situación: el valor fundamental y fundante de Cristo y de la “palabra” que él anunciaba. Pablo sabía que no sólo no se es cristiano por coerción, sino que en la configuración interna de la nueva comunidad, el componente institucional estaba inevitablemente ligado a la “palabra viva”, al anuncio del Cristo vivo en el cual Dios se abre a todos los pueblos y los une en un único pueblo de Dios. Es sintomático que Lucas, en los Hechos de los Apóstoles emplee muchas veces, incluso a propósito de Pablo, el sintagma “anunciar la palabra” (Hch 4,29.31; 8,25; 11,19; 13,46; 14,25; 16,6.32), con la evidente intención de evidenciar al máximo el alcance decisivo de la “palabra” del anuncio. En concreto, esta palabra está constituida por la cruz y la resurrección de Cristo, en la que han encontrado realización las Escrituras. El misterio pascual, que ha provocado el giro de su vida en el camino de Damasco, está obviamente en el centro de la predicación del Apóstol (cfr 1 Cor 2,2;15,14). Este Misterio, anunciado en la palabra, se realiza en los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, y se hace realidad en la caridad cristiana. La obra evangelizadora de Pablo no tiene otro fin que implantar la comunidad de los creyentes en Cristo. Esta idea está dentro de la etimología misma del vocablo ekklēsía, que Pablo, y con él todo el cristianismo, prefirió al otro término, “sinagoga”, no sólo porque originalmente el primero es más “laico” (derivando de la praxis griega de la asamblea política y no propiamente religiosa), sino también porque implica directamente la idea más teológica de una llamada ab extra, no una simple reunión; los creyentes son llamados por Dios, quien les recoge en una comunidad, su Iglesia.

En esta línea podemos comprender también el original concepto, exclusivamente paulino, de la Iglesia como “Cuerpo de Cristo”. Al respecto, es oportuno tener presente las dos dimensiones de este concepto. Una es de carácter sociológico, según la cual el cuerpo está formado por sus componentes y no existiría sin ellos. Esta interpretación aparece en la Carta a los Romanos y en la Primera Carta a los Corintios, donde Pablo asume una imagen que existía ya en la sociología romana: él dice que un pueblo es como un cuerpo con distintos miembros, cada uno de los cuales tiene su función, pero todos, incluso los más pequeños y aparentemente insignificantes, son necesarios para que el cuerpo pueda vivir y realizar sus funciones. Oportunamente el Apóstol observa que en la Iglesia hay muchas vocaciones: profetas, apóstoles, maestros, personas sencillas, todos llamados a vivir cada día la caridad, todos necesarios para construir la unidad viviente de este organismo espiritual. La otra interpretación hace referencia al Cuerpo mismo de Cristo. Pablo sostiene que la Iglesia no es sólo un organismo, sino que se convierte realmente en Cuerpo de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, donde todos recibimos su Cuerpo y llegamos a ser realmente su Cuerpo. Se realiza así el misterio esponsal, que todos son un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo. Así la realidad va mucho más allá de la imaginación sociológica, expresando su verdadera esencia profunda, es decir, la unidad de todos los bautizados en Cristo, considerados por el Apóstol “uno” en Cristo, conformados al sacramento de su Cuerpo.

Diciendo esto, Pablo muestra saber bien y nos da a entender que la Iglesia no es suya y no es nuestra: la Iglesia es el cuerpo de Cristo, es “Iglesia de Dios”, “campo de Dios”, edificación de Dios, ... “templo de Dios” (1Cor 3,9.16). Esta última designación es particularmente interesante, porque atribuye a un tejido de relaciones interpersonales un término que comúnmente servía para indicar un lugar físico, considerado sagrado. La relación entre Iglesia y templo asume por tanto dos dimensiones complementarias: por una parte, se aplica a la comunidad eclesial la característica de separación y pureza que tenía el edificio sagrado, pero por otra, se supera también el concepto de un espacio material, para transferir este valor a la realidad de una comunidad viva de fe. Si antes los templos se consideraban lugares de la presencia de Dios, ahora se sabe y se ve que Dios no habita en edificios hechos de piedra, sino que el lugar de la presencia de Dios en el mundo es la comunidad viva de los creyentes.

Un discurso aparte merecería la calificación de “pueblo de Dios”, que en Pablo se aplica sustancialmente al pueblo del Antiguo Testamento y después a los paganos, que eran “el no pueblo” y que se han convertido también en pueblo de Dios gracias a su inserción en Cristo mediante la palabra y el sacramento. Y un último esbozo. En la Carta a Timoteo Pablo califica a la Iglesia como “casa de Dios” (1 Tm 3,15); y esta es una definición realmente original, porque se refiere a la Iglesia como estructura comunitaria en la que se viven cálidas relaciones interpersonales de carácter familiar. El Apóstol nos ayuda a comprender cada vez más el misterio de la Iglesia en sus distintas dimensiones de asamblea de Dios en el mundo. Esta es la grandeza de la Iglesia y la grandeza de nuestra llamada: somos templo de Dios en el mundo, lugar donde Dios habita realmente, y somos, al mismo tiempo, comunidad, familia de Dios, que es amor. Como familia y casa de Dios debemos realizar en el mundo la caridad de Dios y ser así, con la fuerza que viene de la fe, lugar y signo de su presencia. Oremos al Señor para que nos conceda ser cada vez más su Iglesia, su Cuerpo, el lugar de la presencia de su caridad en este mundo nuestro y en nuestra historia.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia es uno de los temas fundamentales de la enseñanza de san Pablo. Su primer contacto con el cristianismo fue antes de su conversión, como perseguidor de la comunidad de creyentes, a causa de la imposibilidad de conciliar con el judaísmo la fe de los discípulos en la persona del Hijo de Dios y su papel como salvador del hombre. Pablo, usando el término griego ekklēsía, que implica la idea de una asamblea convocada por una llamada, destaca el valor fundamental y fundante que para la Iglesia tiene Jesucristo y la "palabra" que lo anuncia. El misterio pascual es el centro de la predicación del Apóstol, orientada además a implantar una comunidad de creyentes en Jesús. El concepto exclusivamente paulino de la Iglesia como "Cuerpo de Cristo", supone una identificación mística con Cristo que se refleja también en la dimensión institucional de la Iglesia, en la que los diversos ministerios y carismas se han de ejercer en relación con los responsables de la comunidad. Con el término "templo de Dios" le atribuye a la Iglesia las características de pureza y separación propias del edificio sagrado, al mismo tiempo que se aplica a una comunidad viva de fe el concepto de un espacio material lleno de presencia divina. En cambio, con la expresión "casa de Dios" se refiere a la Iglesia como estructura comunitaria de afectuosas relaciones interpersonales de carácter familiar.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los peregrinos y grupos parroquiales venidos de Argentina, Costa Rica, Ecuador, España, México y de otros países latinoamericanos. Que la enseñanza del Apóstol san Pablo nos ayude a comprender mejor el misterio de la Iglesia, así como a amarla y cooperar responsablemente en su edificación. Que Dios os bendiga.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

Jesús, nacido de una Mujer, sujeto a la Ley

Con San Pablo a Cristo
.
Éste es el único texto de Pablo, alusivo a María, de la cual ha nacido Jesús. Pablo lo hace para recordarnos que habiéndose Jesús encarnado históricamente, pudimos recibr la adopción de hijos.

“Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los elementos del mundo.
Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios”. (Gálatas 4,3-7)

Con los saludos y oraciones del P. Benito Spoletini, ssp

Consigna: Me iré familiarizando con el Padre Dios, rezando con cariño el “Padre nuestro”

Fundador y Misionero

Camino a Damasco

se encontró con Cristo
que lo transformó
en fogoso y fiel discípulo.
Fue constante pregonero,
a tiempo y a destiempo,
testimoniando la Resurrección,
anunciando que la fe
nos da la salvación.

De acción evangelizadora
en todo tiempo y a toda hora,
edificó la primitiva Iglesia
por los apóstoles cimentada,
renunciando a sí mismo,
placeres, ambiciones,
poniendo a su servicio
sus innumerables dones...

Apóstol Pablo
que los laicos y sacerdotes
tu tarea podamos continuar
poniendo a la Iglesia
en primer lugar,
y que por nuestro testimonio
crezca sin cesar.

Etelvina Gimenez